Cindy Keli Martínez Herrera
(Huancayo, 1994)
136 Réquiem
137 Amallakinćhichu
139 Cariño
140 Adán, aunque no lleves el nombre
141 Fin
Cindy Kely Martinez Herrera
En almandino 2021
“Réquiem” es una prosa poética en tercera persona nos cuenta el alejamiento del sentimiento idílico, esa necesidad del otro que se ha generado en el convivio entrelazado de los amantes, también podemos llamarlo «la domesticación entre los amantes» tal como lo encontramos en un dialogo que tiene Principito con el zorro: «– Claro – dijo el zorro. – Todavía no eres para mí más que un niño parecido a otros cien mil niños. Y no te necesito. Y tú tampoco me necesitas. No soy para ti más que un zorro parecido a otros cien mil zorros. Pero, si me domésticas, tendremos necesidad uno del otro. Tú serás para mí único en el mundo. Yo seré para ti único en el mundo», pero esta necesidad se irá debilitando progresivamente. La separación de los cuerpos comienza a manifestarse en el dolor, con imágenes cargados de nostalgia y reclamo.
No merecía suspiros,
pero derramó lágrimas de olvido,
susurraron amor en sus oídos,
palabras necias que se repetían como a un niño.
Cuando esa decisión se mantiene firme, el tiempo lo trastoca con sus átomos efímeros y da entender que todo lo que existe cambia y ese recuerdo queda superado ante el olvido, un reinicio que impulsará su tránsito al eterno retorno.
Imagina,
suspira,
sonríe,
disfruta,
vive
y
olvida.
En “Amallakinćhichu” hay un recuerdo que constantemente se hace presente en el yo poético, la sensación de alejamiento brota nostálgico por aquello que el cuerpo tenía contemplado, este sufre un desgarramiento de su ser y como que en todo lo que existe hay una memoria que fluctúa y queda registrado en todo lo que ha tocado, esas cicatrices se manifiestan con desesperación.
Vienes,
me abrazas,
suenan los recuerdos,
te beso y me acaricias.
Las paredes gritan,
¿hace cuánto que se esperan?
Entre todo lo que el cuerpo sufre hay una disolución que el yo poético remarca, es nueva mente el olvido. una decisión que finiquita con su dolor, aquel olvido le sirve como un refugio, como una cicatriz que duele solamente cuando invoca aquella escena. Entre los versos que desliza, Cindy, hay un referente a la cual recurre: el género musical. Nombrar a un artista es por lo general un vacío que se crea ante la lectura ingenua, un obstáculo que nos remite al otro yo poético, a otra interpretación que deja una imagen incompleta.
Grita el viento:
“No te he visto nunca”
Amallakinćhichu
Crecer es decir:
“Adiós”
Ceratí acertó.
En “Cariño” encontramos a un yo poético nostálgico donde nos muestra imágenes panorámicas con el amante, lo observa con calma y entiende al tiempo y sus desvaríos.
He querido decir muchas cosas.
He visto como crecías.
He contemplado tus llantos y risas.
He complacido tus caprichos y necesidades.
Todos aquellos recuerdos hacen que la conciencia madure, ver aquella burbuja de donde uno a salido permite posarse en un árbol, ver como a escalado a esa rama y se prepara para un vuelo más sin saber de las infinitas burbujas.
Por eso ahora soy sol, para iluminarte.
Por eso ahora soy aire, para acariciarte.
Por eso ahora soy un ángel, para cuidarte.
!Cariño, Amallakinćhichu!
!Cariño, yo soy ahora tu fuerza!
En “Adán aunque no lleves el nombre” el yo poético reconoce su lado oscuro y lo alumbra con el pecado bíblico, aquello que se ha prohibido despierta la curiosidad y se descubre que el pecado es parte esencial de uno y todavía queda descubrir la otra mitad de esa oscuridad. cometer el pecado es abrir esos nuevos ojos, es romper burbujas.
Eres Adán,
aunque no lleves el nombre…
Adán,
la manzana en tu cuello te delata.
Adán,
la serpiente en tu cabeza te aleja.
Adán,
el paraíso en tu vida son vicios.
Eres Adán,
aunque no lleves el nombre.
!Adán, yo te amé!
!Adán, Dios nos salve!
Y por último en “Fin” nuevamente brota una ruptura esta vez la decisión es determinante, aquella decisión aflora de repente y toma un semblante cada vez más indiferente, el yo poético finalmente decide romper vínculos, esta vez lo nostálgico se pierde de a pocos y la frialdad rodea esa decisión y la congela definitivamente.
Dejaste al viento soplar,
y te sumergiste sin pensar.
!El barco ya no está!
El fin empieza para ti.
!Mi corazón ya no está!
El fin inicia sin ti.
Cuando se da esa ruptura el yo poético se abruma como si las auras que la acompañaban se hubieran apagado y aterriza en Cindy Martínez.











